Otra forma de leer: armas de doble filo.

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Esta mañana leía en El País un artículo de Alberto Manguel sobre "La Caperucita Roja" (archifamoso cuento de Charles Perrault) en el que le da vueltas a la interpretación del cuento y a la forma de ser de la inocente Caperucita Roja. Me ha gustado especialmente porqué a menudo leemos novelas y cuentos y nos quedamos en la superfície de lo que se cuenta, en aquello más explícito y, al contrario, el artículo demuestra que hasta el relato más corto y aparentemente simple puede llevar detrás una reflexión más compleja. Qué papel juega Caperucita en el cuento? El engaño a la inocencia?

Eso es lo que se planteaba el Marqués de Sade. Éste pensava que no hay treta que el lobo no invente para atrapar a su presa y, por tanto, haga lo que haga la Caperucita, acabará en la cama del lobo. Entonces, decía el Marqués de Sade, la niña sólo tiene dos posibilidades: resignarse a su condición de víctima o convertirse en dueña de su propio destino. Es decir, aceptar la perdición que provoca su propia inocencia, o bien usar ese halo de inocencia en su provecho siendo ahora la perdición del lobo (inocencia o "inocencia" vendría a ser la cosa).

Concluye el artículo con esta reflexión: "Caperucita es ambas cosas, seductora seducida, inocente perspicaz, continúa a recorrer los bosques en los que los lobos ingenuos creen todavía en la tan mentada ingenuidad de la niñas".

También me ha gustado mucho la anotación que hacía  Perrault, sobre el papel del lobo en el cuento: "No todos los lobos son iguales. Hay quienes con habilidad, sin tambores, sin rencor y sin enojos, muy reservados, complacientes y gentiles, persiguen a las señoritas hasta sus casas y también hasta sus propias camas. Pero ¡ay! ¡Quién ignora que estos lobos dulzarrones son, de todos los lobos, los más peligrosos!".

Qué clase de Caperucita eres tu Campanilla? o eres ambas? Y qué clase de lobos hay a tu alrededor? Piénsalo y ya me contarás...